Los estándares son una faena

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En efecto. Normalizar apunta siempre a unos mínimos de calidad, producción y servicio. Pero una vez alcanzados los mínimos, no hay puerta para los máximos.  ¿Cómo diferenciar entonces los buenos de los muy buenos? Scorm, la gama IMS (Content Packaging, Learning Design, Learning Tools Interoperability, etc.), ISO, IEEE, Dublin y tantos otros, se centran en aspectos bien concretos. Desde empaquetar a comunicar pasando por etiquetar o censurar. Pero siempre apuntan a mínimos. Por ejemplo, Scorm empaqueta carpetas y ficheros y no está actualizado desde 2009. Dudo que sea de mucha utilidad ahora para un mundo que personaliza todo y adapta la comunicación según comportamiento, tendencias o interacciones grupales.

El público real, el usuario final, el profesor del día a día, más allá de comités y subcomités, quiere soluciones sencillas y útiles, no modelos teóricos o divagaciones intelectuales

Nunca he visto una versión avanzada de IMS Learning Design  integrada en ningún gestor de aprendizaje (LMS), y eso que fui el responsable de montar todo el plan y de realizar los pilotos en media docena de LMS. Y así, un largo etcétera. Esta fue una de los debates del III Congreso Internacional en Normalización, Estándares y Calidad Universitaria organizado por la Cátedra AENOR-UNIR sobre el mismo tema.

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El público real, el usuario final, el profesor del día a día, más allá de comités y subcomités, quiere soluciones sencillas y útiles, no modelos teóricos o divagaciones intelectuales. La etapa conceptual resulta imprescindible y muy interesante. Pero sin una etapa concreta, en el terreno, se queda en un ejercicio para unos pocos y no en algo práctico para uso común. El símil con las políticas educativas resulta inevitable. Y esos expertos buscan soluciones en el mercado, con miles de Apps y utilidades realmente bien construidas y que se venden solas.

El proceso de estandarización debería ser más corto, más cercano a los expertos del día a día, con una acción a la rapidez del mercado, un escalado para llegar desde el mínimo bueno hasta el máximo excelente y una campaña de concienciación y comunicación fuerte y orientada. Como si fuera otro producto, en suma. Dudo mucho que ninguna de las pequeñas empresas, no digamos las grandes, e incluso los autónomos que hipotecan sus activos, se lancen al vacío con tanta ligereza. Aprendamos de su práctica.

Daniel Burgos
Madrid, España, 5 de junio, 2017