La universidad inútil

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En un mundo universitario lleno de competencias y resultados de aprendizaje donde parece que casi todo debe guiarse por el grado de empleabilidad de un determinado programa académico, resulta cuanto menos chocante participar de un declive intelectual importante. Sobre todo relacionado con la diversidad y la inclusión. En el último encuentro organizado por UNESCO-ICDE sobre Visionary Leadership for Digital Transformation, este fue uno de los temas a tratar. En concreto, algo que debatí con Belinda Tynan, Deputy Vice Chancellor Education & Vice President, RMIT University, Australia, que nos regaló un discurso inspirador sobre transformación digital e inclusión.

La universidad no sirve únicamente a un mercado (…) También, y principalmente, sirve al individuo y a la sociedad en su conjunto

Si nos guiáramos por aquellos que se guían únicamente por el mercado, formaríamos ingenieros, especializados en robótica, matemáticos para análisis de datos y médicos. Sin desmerecer estos enfoques, tan necesarios para la sociedad, me gustaría pensar que Filosofía, Historia, Educación, Filología, Humanidades y tantas otras disciplinas también son dignas de quedarse en la universidad. No debemos albergar únicamente una academia guiada por el fin productivo a corto y medio plazo de la economía de mercado. ¿Qué ocurriría con la Música, la Danza, el Teatro? Tan inútiles ellos para producción específica de productos y servicios explotables, que todos deberían desaparecer según este enfoque.

UNESCO-ICDE-VisionaryLeadership-peqEn el taller sobre Visionary Leadership for Digital Transformation. Panel ICDE

La universidad no sirve únicamente a un mercado. Para este fin ya existe la formación vocacional, la formación profesional, los cursos de reciclaje, el INEM y tantos otros servicios. También, y principalmente, sirve al individuo y a la sociedad en su conjunto. Y esta sociedad se nutre de fuentes diversas, campos variados, relaciones imposibles de conceptos dispares y un largo etcétera de aliteraciones y tautologías que definen el ser humano y su relación con los demás, que retratan el mundo actual con sus variadas culturas. Podríamos realizar el símil con la carrera de acreditación basada en ciertos méritos en detrimento de otros inútiles que, muchas veces, resultan tan interesantes y útiles, al menos, que los oficialmente aprobables.

La universidad utilitarista, productiva, orientada a la explotación medible, o al resultado de investigación acreditable por un determinado comité, resulta, sin duda, necesaria y bienvenida. Pero la universidad inútil, esa que nutre todo lo demás, que refuerza, profundiza y debate; que hace crecer y dudar y criticar y revisar, y armonizar conceptos y personas; que no se guía por resultados acreditables por tal o cual agencia, o por patentes registradas, o por contratos firmados; esa misma, resulta la compañera perfecta y no menos indispensable que la que proyecta oficialmente la sociedad al futuro.

Daniel Burgos
UNESCO, París, Francia, 24 de mayo, 2017